Os doy la bienvenida a los conquistadores de sueños y de islas, a los que añoran el azul turquesa, a los que descubren nuevas ilusiones y pasiones, porque nunca es tarde para vivir añorados deseos...

miércoles, 30 de noviembre de 2005

Antes de llegar a la Almazara de Espliego.

Antes, se recogían miles de kilos con el viejo método. Es decir, una a una, una a una. Recuerdo los pies de mi abuelo, con alpargatas de esparto, húmedas por el rocío de la hierba, y sus manos endurecidas, como de hormigón, imperturbables ante el frío. En cuclillas, durante horas, andando a pequeños pasitos, recorría los bajos de los olivos recogiendo la aceituna una a una.

Yo jugueteaba alrededor, pisaba las aceitunas, él me reñía "vaya un pijo de sagala, que no para quieta, no me pises la oliva chiguita!!!" y yo, absorta en mi juego le ignoraba, mientras iba saltando de encima de un saco al suelo, de encima del carro al suelo, de encima de un olivo al suelo.

Luego el método manual pasó a la red. Ésta se colocaba sobre el suelo, bajo el árbol. Alguien vareaba el olivo, las aceitunas caían, y después se recogía la red y se vaciaba en el carro. Entonces las mujeres le quitaban los trozos rotos de ramas, las hojas... y después la metían en sacos. Venía un camión de la almazara y se los llevaba, devolviendo unos años más litros de aceite que otros. Un año el aceite era verde oliva, nunca mejor dicho, aterciopelado, amargo, fuerte, y otros más amarillo y claro, más suave de sabor.

Los mayores decían que el aceite salía como el árbol quería, que para eso las olivas eran suyas.

Ahora, la recolecta de la aceituna se convierte en unos pocos litros de aceite, que se ha de llevar lejos, a una de las pocas almazaras que quedan donde te hacen tu aceite con tus aceitunas, en Elche. Casi todas funcionan ahora como cooperativas; se reúne toda la aceituna de diversas fincas, pesando previamente cada uno la suya, y se trabaja junta para después devolver en aceite el mismo número que de kilos.

Domingo familiar, de campo. De ese campo donde ya sabéis que pasé gran parte de mi vida, y en el que transcurren muchos fines de semana, ya más como tiempo de ocio y paz que como de labor estacional. Ahora, en invierno, toca aceituna.

Un huerto de olivos...


Una cuasicuadrilla...


El agua del escorrior desviada a otro bancal...


Unos con jeta observan...


Se queman rastrojos aprovechando la presencia humana y el paso del agua, por si acaso... no sea que tengan que venir los bomberos.


Ya no hay redes. Ahora, se ha limpiado el suelo anticipándose a la caída del fruto, y con un rastrillo, se amontona cuando el árbol ha madurado la oliva y la ha tirado a tierra.


Y algunos aprovechan para vivir una experiencia que probablemente no existirá en su mayoría de edad.


Se estría un poco de la suciedad mayor, y se echa a un capazo.


De ese capazo, se echa al (papá otra vez se me ha olvidado cómo se llama) bueno a este artilugio, donde mucha de la suciedad se cuela por las rendijas, y el aire ayuda llevándose la hojarasca y briznas de hierba.


A mano se terminan de quitar huesecillos de oliva, las piedras más pequeñas...





La oliva queda así limpia y escogida.


Y se vierte en el saco correspondiente, para su transporte a la almazara, y que ya no es de tela de ídem, sino de rafia, más barata.


Y si no hay suficientes sacos, pues en cajas.


Y el pre-aceite inicia así su viaje a la almazara.
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martes, 20 de septiembre de 2005

(Una) fantasía sexual.

Las sábanas blancas son suaves y frescas; el algodón es ligero. Se agradece dada la temperatura ligeramente alta de la habitación durante la siesta. La puntilla del embozo me roza en los pies y mi cara reposa sobre la almohada, que huele a jabón.

Apenas hay luz, solo la que entra por las rendijas de la persiana, que quedan más matizadas aún por los visillos de color tostado, reflejándose sobre el espejo del cabecero. Oigo un leve ruido y siento que la puerta se abre. En duermevela pienso “¿Cuándo se levantó? No lo recuerdo…”.

El colchón se mueve y noto un roce que asciende entre mis muslos; sobre mi espalda, una cálida brisa acompaña a la caricia de algo húmedo. En mi nuca noto las cosquillas de su lengua que se acerca lentamente hasta mi oreja. “Hola” ¿Y esa voz? Me resulta familiar… Un peso inunda mi cuerpo y mis muñecas quedan presas entre sus manos. Busco sus labios y encuentro su lengua que entra en mi boca; mi respiración se acelera y un súbito calor me llega hasta la garganta desde el interior de mi vientre… siento la humedad del deseo e intento darme la vuelta. No me deja; sus manos sueltan las mías y las noto recorrer cada uno de mis brazos hacia mis omóplatos, bajan ligeramente siguiendo la curva del hueso y se dirigen hacia mis pechos. Me incorporo levemente y él los acaricia; mis pezones se enervan y vuelvo a intentar girarme, sin éxito.

Él fuerza delicadamente la apertura de mis muslos y noto su pene como roca besando la entrada de mi vagina. “Hazlo” le digo, pero me ignora. Juega una y otra vez y mi respiración se entrecorta, el arrebato me posee y le insisto… pero me vuelve a ignorar.

Una de sus manos baja por mi costado y llega a mi cintura, de ahí a mi vientre, sigue bajando y juguetea con el vello; noto sus dedos acariciar suavemente mi clítoris y vuelvo a pedir… pero me vuelve a ignorar.

Decidida, me apoyo en mis codos e intento con fuerza girarme; no me deja. Sus manos cogen mis caderas y me noto volar hacia atrás. Siento su pene entrar suave y profundamente, y sus manos se separan de mis caderas en sentidos opuestos; una hacia mis pechos, la otra hacia mi clítoris. Abro lo ojos y le miro a través del espejo, nuestras miradas se encuentran y nuestros labios dibujan palabras que solo nosotros conocemos.

No puedo pensar… mi mente se vacía y solo percibo el suave olor del sudor y el aroma sutil y provocador del sexo, la agitación de su pecho que súbitamente cae sobre mi espalda… su aliento en mi cuello…mi cuerpo se arrebata, cierro los ojos y siento los espasmos de los dos… me dejo caer bruscamente sobre la cama y a él conmigo…un tenue rayo de sol ilumina el vello de su brazo, moreno, fuerte, sudoroso, tenemos sed…


jueves, 8 de septiembre de 2005

Te deseo.... (Regalo de -Manué- en mi cumpleaños)

Que se te cumpla un deseo......,
Que se te concrete un proyecto......,
Que sueñes, y que ese sueño se te haga realidad.......,
Que te rias sola.......,
Que disfrutes del dia, y de la noche......,
Que ni los amaneceres ni los atardeceres te sean indiferentes......,
Que si te toca prometer, solo te comprometas en aquello que puedas cumplir........,
Que tu palabra, sea sinónimo de verdad.......,
Que ames a la persona que te ama.......,
Que disfrutes de la alegria de tus hijos.......,
Que no te domine el rencor.......,
Que encuentres consuelo.......,
Que tengas un suspiro de placer.......,
Que si pides ayuda, sea a la persona indicada.......,
Que un recuerdo te traiga felicidad......,
Que conozcas la paz.......,
Que venzas la angustia.......,
Que te sorprenda un amigo gratamente.......,
Que seas comprendida.......,
Que si te toca llorar, sea de felicidad.......,
Que tengas serenidad.......,
Que el pasado no sea una carga, sino una experiencia........,
Que sigas combinando los colores.......,
Que la música te acompañe en la reflexión.......,
Que leas un libro y sientas la necesidad de compartir su lectura.......,
Que el dolor no te sea un obstáculo.......,
Que brindes por un logro.......,
Que tu verdad triunfe.......,
Que no te sientas sola.......,
Que al hablar seas escuchada.......,
Que la amistad te sea un valor no negociable.......,
Y por último,
Que, tu cumpleaños esté acompañado de muchas alegrias.



martes, 5 de julio de 2005

Me gusta, no me gusta.

Eres el punto de mi i, el ojal de mi botón, el cordón de mi zapato, mi camiseta azul, mi pata de gallo más bonita, la mariposa de mi garganta, mi segunda adolescencia, la madura pasión, el cascabel de mi boca, mi wonderbra, los brillantes de mis ojos, la lima de mis tristezas, mi cálido aroma, la mano que mece mi corazón, mi almohada de plumón, la caricia de mi alma, .... y me gusta, me gusta, me gusta, me gusta, y hasta lo que no me gusta, me gusta.

No me gusta quien se empeña en ponerse calcetines verdes, llevarlos eternamente, y/o ponérselos a los demás. No me gusta quien se equivoca de pies, cada uno tiene los suyos.

Me gusta bajar temprano a la piscina, cuando todavía no hay nadie.
Me gusta leer tranquilamente sin que nadie me interrumpa.
Me gusta emocionarme leyendo, "Monólogos de una mujer fría", de Manuel Halcón, precioso... en general, me gusta emocionarme. Me gusta Anita, su protagonista. Me gusta Pepita, su amiga. Me gusta Jesús, el hombre raro pero auténtico. No me gusta Tina. Este libro me ha recordado a "Tenemos que vernos", de María Tena, que tanto me gustó también.
Y más me gusta quién me lo regaló. Te quiero Lur.
Me gustan los tomates gigantes de la huerta de mi padre, ojalá pudiera haceros y compartir con vosotros una ensalada gigante sólo con estos tomates, con buen aceite y orégano.
Me emocionan mis padres, sobre todo mi padre.

No me gusta que las vecinas parlanchinas interrumpan mi paz piscineril.
No me gustan sus conversaciones repetitivas y monotemáticas.
No me gusta pasar mala noche.
No me gusta echar tanto de menos.

Y hay cosas y personas que si no me fueran tan indiferentes, podrían incluso no gustarme.

domingo, 15 de mayo de 2005

Flan de Chocolate con Canela y Miel de Caña



Es realidad no es una receta: es un sortilegio cuyo efecto dura indefinidamente a quien lo toma. Es muy importante que mientras se cocina, se repita mentalmente sin cesar, con el corazón lleno de ternura y la voz lo más dulce posible:

"Que la fuerza de estos ingredientes te enreden en mis besos y que su poder te ate a mis brazos por el tiempo que lo deseemos los dos..."

Se ha de preparar al atardecer, cuando el sol se pone y mientras aparece la luna. Toda la preparación ha de hacerse en un clima de paz y con movimientos suaves. Calentar el horno a 150º. Engrasar ligeramente con mantequilla un molde de unos 20 cm de diámetro. En un cazo, poner 1 cucharada de las de sopa de miel de caña, 2 de azúcar moreno, 1 cucharadita de las de café de canela recién molida, 2 de agua mineral y una pizca de ralladura de limón.

Calentarlo a fuego muy lento sin parar de remover con una cuchara de madera, y siempre en el sentido de las agujas del reloj, y cuando al elevar la cuchara el caramelo caiga como hebras, apartar del fuego y se espera un minuto aproximadamente para que se temple.
En otro cazo, mezclar 150 gr. de chocolate negro sin azúcar, en trozos, 1 taza de las de café con leche de nata líquida ligeramente batida previamente, 1 cucharadita (de café) de canela recién molida, y una cucharada de ralladura de limón. Remover a fuego muy lento, también con cuchara de madera y en el sentido de las agujas del reloj, hasta que el chocolate esté fundido y todo bien mezclado. Dejarlo enfríar unos minutos.

En recipiente donde nos vaya a caber todo, batir ligeramente 3 huevos enteros. Añadir muy despacio media taza de leche (de las de café con leche) y el chocolate, sin dejar de remover siempre en el sentido de las agujas del reloj, con cuchara de madera y muy despacio. Verter la mezcla en el molde, con mucho cuidado para no desplazar el caramelo, y ponerlo al baño maría en el horno una media hora. Luego, enfríar toda la noche en la nevera. A la noche siguiente, desmoldar, y comérselo en el mar a la luz de las estrellas compartiendo con él/ella una cuchara de plata.

Después de eso, te da igual si existen las flores de caña o no.

viernes, 15 de abril de 2005

Los nidos siempre son de amor, 2. (Regalo de C.)


No sé cuánto tiempo transcurrió...

tan sólo sé que en un momento sentí las amarras
saltar en mil pedazos y mi nido, nuestro nido,
quedó a la deriva en un mar inmenso y lleno de calma;
una calma donde sólo se escuchaba
el susurro de las olas acariciando suavemente nuestros sentidos,
y tu corazón, acariciando tiernamente el mío.

Al mirar el cielo vi que nada estaba en su sitio;
las estrellas que durante miles de años guiaron infinitas singladuras
vagaban errantes en el firmamento, sin rumbo ni orden establecido.
Nada era como antes...
y mi barco derivaba en el oscuro mar a merced de las olas,
a tu merced...

Fue cuando sentí el dulce aroma de tu piel inundando mis sentidos,
el cálido aliento de tu boca en la mía,
el roce de nuestra piel llorando al despegarse.
Sus lágrimas me hicieron comprender que no era un sueño,
sino una dulce realidad de la que jamás quiero despertar...

domingo, 10 de abril de 2005

Los nidos de mi casa.


Durante un mes he vigilado los nidos de mi casa; aquí tenéis el resultado. Es una suerte poder verlos tan de cerca, desde el principio, aunque estos nidos llevan muchos años ahí. Cada primavera las aves los reforman y recomponen.

Hace apenas 15 años habían muchos más; luego, con el deterioro de la casa, la rotura de cristales, la invasión por las palomas, la aparición sorprendente de un cernícalo y alguna lechuza, fueron escaseando dramáticamente. Las ratas y gatos ayudaron también en el exterminio, al
tener fácil acceso.


Aunque por otra parte, la rotura de cristales también hizo que las palomas anidasen por todo el interior como podréis ver por los restos de sus
nidos y excrementos en la primera foto. Hace 3-4 años, mi padre solventó la rotura de cristales, protegió las ventanas interiores y dejó hueco en las contraventanas.



Esto ha hecho que de nuevo aparezcan esos nidos y algunas aves hayan vuelto a "confiar". Siento no haber caído en la cuenta de poner nada que sirva de referencia para su tamaño, pero los que se ven son del tamaño de los huevos de codorniz. ¿Por qué la madre no está empollando? ¿Y el ave negra? ¿Qué es? No pude sacarla más de cerca, no quería molestarla mucho. ¿La forma de los nidos dice quién los construyó?

Parece que va a ser un estornino espabilado, vamos, un pinta que se ha quedado con el nido de una supuesta urraca. Me ha costado muchísimo fotografiarlo, porque las 6 primeras veces salía corriendo por mucho sigilo que llevase yo, que al final parecía un alma vagante... pero debe haber pensado como no deje a la pesá esta hacerme la foto no me va a dejar echar la siesta , así que finalmente me miró con displicencia y la fotografié a troche y moche.

y mirad, había otro huevo más:

Dos nidos especiales que encontré en la casa:


El instito natural customiza cualquier rincón.
Mi foto
Sólo soy una persona que intenta ser feliz haciendo el menor daño posible a los que me quieren, que desea ser querida, tener paz, estar sana, y que el dinero me preocupe cada vez menos.