Apenas hay luz, solo la que entra por las rendijas de la persiana, que quedan más matizadas aún por los visillos de color tostado, reflejándose sobre el espejo del cabecero. Oigo un leve ruido y siento que la puerta se abre. En duermevela pienso “¿Cuándo se levantó? No lo recuerdo…”.
El colchón se mueve y noto un roce que asciende entre mis muslos; sobre mi espalda, una cálida brisa acompaña a la caricia de algo húmedo. En mi nuca noto las cosquillas de su lengua que se acerca lentamente hasta mi oreja. “Hola” ¿Y esa voz? Me resulta familiar… Un peso inunda mi cuerpo y mis muñecas quedan presas entre sus manos. Busco sus labios y encuentro su lengua que entra en mi boca; mi respiración se acelera y un súbito calor me llega hasta la garganta desde el interior de mi vientre… siento la humedad del deseo e intento darme la vuelta. No me deja; sus manos sueltan las mías y las noto recorrer cada uno de mis brazos hacia mis omóplatos, bajan ligeramente siguiendo la curva del hueso y se dirigen hacia mis pechos. Me incorporo levemente y él los acaricia; mis pezones se enervan y vuelvo a intentar girarme, sin éxito.
Él fuerza delicadamente la apertura de mis muslos y noto su pene como roca besando la entrada de mi vagina. “Hazlo” le digo, pero me ignora. Juega una y otra vez y mi respiración se entrecorta, el arrebato me posee y le insisto… pero me vuelve a ignorar.
Una de sus manos baja por mi costado y llega a mi cintura, de ahí a mi vientre, sigue bajando y juguetea con el vello; noto sus dedos acariciar suavemente mi clítoris y vuelvo a pedir… pero me vuelve a ignorar.
Decidida, me apoyo en mis codos e intento con fuerza girarme; no me deja. Sus manos cogen mis caderas y me noto volar hacia atrás. Siento su pene entrar suave y profundamente, y sus manos se separan de mis caderas en sentidos opuestos; una hacia mis pechos, la otra hacia mi clítoris. Abro lo ojos y le miro a través del espejo, nuestras miradas se encuentran y nuestros labios dibujan palabras que solo nosotros conocemos.
No puedo pensar… mi mente se vacía y solo percibo el suave olor del sudor y el aroma sutil y provocador del sexo, la agitación de su pecho que súbitamente cae sobre mi espalda… su aliento en mi cuello…mi cuerpo se arrebata, cierro los ojos y siento los espasmos de los dos… me dejo caer bruscamente sobre la cama y a él conmigo…un tenue rayo de sol ilumina el vello de su brazo, moreno, fuerte, sudoroso, tenemos sed…
