Acabo de visitar el Blog de Firenze, “DÉJAME QUE TE CUENTE”, que llevo abarloado al mío casi desde el principio. Lo encontré casualmente, no sé cómo. Me gusta. Una veces más, y otras menos, como todos los blogs incluído el mío.
Bueno, pues eso. Que entro hoy y me encuentro con que DQTC dedica esta semana al amor. El domingo es el día de los enamorados. Y yo, que nunca he dado importancia ni mérito a este día (casi lo he detestado) de repente me entra un ansia por conocer su justificación. ¿A qué mente se le ocurriría en primer lugar dedicar un día a algo? ¿No se hace eso con aquellas cosas que consideramos marginadas, con el fin de promocionarlas? ¿Está el amor marginado hoy día?. Ese parece otro debate… pero en fin.
Digamos que para entender algo hay que conocer sus partes (uf qué mal se lee eso). Por ejemplo, Cupido.
Miro en la Wiki para investigar algo nuevo, y dice que “Cupido es, en la mitología romana, el dios del amor, que equivale al Eros de la mitología griega, y a Kāmadeva en la mitología hindú, y que su nombre latino significa «el deseo».
Cupido es hijo de Venus y de Marte, Diosa del Amor y Dios de la Guerra, respectivamente. Se le adjudica la creación de amores y pasiones entre los mortales y suele ser representado por un niño alado (parecido a un ángel). Al ser hijo de los dioses de la guerra y del amor, Cupido resulta ser el dios de los enamorados, creando de esta manera un balance entre el amor y la tragedia.”
¿Balance entre el amor y la tragedia? ¿Esoquesloqués? ¿Tiene algo que ver con lo de que entre el amor y el odio casi no hay espacio? ¿Se amaron muchísimo un día Venus y Marte, tuvieron este hijo y luego lo usan eternamente para paliar los desencuentros, peleas y disgustos?
Por su parte, San Valentín tiene una dudosa historia. En realidad, no se sabe si existió o no. Después de investigar un poco, los antecedentes más verídicos parece que se fundamentan en que la festividad de san Valentín la vino celebrando la Iglesia Católica Romana cada 14 de febrero hasta 1969 (qué casualidad!).
La fiesta de San Valentín fue declarada por primera vez alrededor del año 498 por el Papa Gelasio I. Según la Enciclopedia Católica, el santo cuya festividad cayó en la fecha conocida hoy como Día de San Valentín fue posiblemente uno de los tres mártires que fueron ejecutados en el año 270 d.c durante el reinado del Emperador Claudio II.
Justamente el que fue un médico romano que se hizo sacerdote y que casaba a los soldados (con mujeres o entre sí, de esto no se dice nada), a pesar de que ello estaba prohibido por el emperador, que lo consideraba incompatible con la carrera de las armas.
Pero la realidad es que la fiesta de San Valentín es mucho más antigua que el propio cristianismo: se enlaza con las fiestas lupercales del Imperio Romano, rituales paganos en homenaje a Fauno Luperco (de "lupus", lobo, Pan para los griegos) que protegía a los pastores y los rebaños, y que se celebraban el 15 de febrero de cada año, cinco semanas antes del comienzo de la primavera. Y como esto no podía soportarlo la Iglesia, hacia finales del siglo V d. c., el papa Gelasio I acogió las leyendas sobre San Valentín e instituyó su conmemoración el 14 de febrero, con el fin de apropiar para la Iglesia la tradición de las lupercales, que se extinguió, y cargarse así la celebración pagana.
Sin embargo, a pesar de ser una celebración católica, resulta que la tradición de celebrarlo es anglosajona, y nos la hemos importado como tantas otras cosas.

Y según mi amigo Juan, en España, el Día de San Valentín no se empezó a celebrar hasta la aparición de Galerías Preciados, en 1968, justo un año antes de que la Iglesia dejara de celebrarlo. El motivo, pues huelga: Gasto, consumo y ganancias comerciales.
Y a eso reducimos el amor: gasto, consumo y ganancia. Es como la Navidad más o menos. Personalmente, pienso que si hay que celebrar cosas así (oye, incluso los cumpleaños no son conmemoraciones agradables para todos), pues mejor en la intimidad.
A mí me parece que ir por la calle con la rosa roja en la mano el día de los enamorados, le hace a la gente cara de eso, de flor pequeñita (eufemismo de capullo, para no ofender). Rosa o lo que sea, porque se hace evidente el regalo y el motivo.
Por eso me gusta la intimidad. Siempre es buen momento para celebrar el amor, y realmente, es en la intimidad donde podemos darle rienda suelta con intensidad y naturalidad a la ternura.
Dice Firenze en su blog:
“El derecho a la Ternura debería de instaurarse por decreto. Seria estupendo que la ternura se administrara "por ley" al igual que cualquier otra atención médica. Nada me parece mas enfermizo que la carencia total o parcial de ternura. La piel que no es acariciada por otra piel, se mustia. Igual le ocurre a los ojos, que si no son contemplados muy de cerca y con amor, pierden su brillo. Unos labios que no son besados despacito y suavemente, suelen caerse hacia abajo dibujando una sonrisa triste. Y es que el cuerpo que no recibe de cuando en cuando un abrazo, envejece y enferma. Si... definitivamente la Ternura es una necesidad física y sicológica , y su carencia provoca grandes problemas en aquellos que la padecen.”
Lo mejor de la ternura es que es unisex y absolutamente universal, casi casi como el amor. La ternura sirve y puede estar en toda nuestra vida. Es algo que damos al amar, no importa a quién.
Y no todo el que ama es tierno, pero quien practica la ternura es porque ama.
Cuadro de Mónica Sabbatiello (http://laorejademonica.blogspot.com/)
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