Os doy la bienvenida a los conquistadores de sueños y de islas, a los que añoran el azul turquesa, a los que descubren nuevas ilusiones y pasiones, porque nunca es tarde para vivir añorados deseos...

miércoles, 18 de febrero de 2009

Bienvenidos a Cane-Cheers



Si algún día me diera por abrir un restaurante, cosa poco probable pues es muy sacrificado, tendría que servir no sólo para comer. Sería un sitio donde la gente, a través de la comida, construyera, destruyera y recompusiera sus emociones, un lugar parecido a aquél mítico y célebre Pub de la televisión de los 80, “Cheers”, con aquella maravillosa sintonía cuyo estribillo decía


Where everybody knows your name,

And they're always glad you came…


Mi Cane-Cheers, tendría vidrieras transparentes y limpísimas, con los cristales de color de rosa. Al entrar, te podrías ver en un espejo como el de la madrastra de Blancanieves, que te mostraría no lo que quieres ver de ti mismo… sino lo que de verdad hay. Estaría lleno de flores, pero habría un apartado con Cactus en flor, para que, llegado el caso, quedara demostrado que lo que una vez te traspasa, puede reconvertirse en algo bonito.

Las mesas de Cane-Cheers estarían cubiertas por manteles de diseño exclusivo de la afamada creadora internacional Dª Así es la Vida de Lo que Hay que Ver, para que nada más sentarte, entiendas que no hay nada nuevo bajo el sol y todo tiene solución. Sabrás que puedes salir de allí con tus emociones, sensaciones, deseos (todo bueno y/o malo) reconvertido en aquello que te gustaría, y no en lo que erróneamente, crees que necesitas.


En Cane-Cheers sólo habría menús prácticos y pensados para los fines oportunos. Que tú, si entras en ese momento sensiblón y tierno que te ha provocado el ver al bebé recién nacido de tu mejor amiga, pues pedirías el


Menú Babitas

Ensalada Aliñada con Talco

Volován de Nubes

Filete Nenuco con Salsa Potito

Natillas Maternizadas


Que te pilla ese día en que te revuelve las tripas ver cómo alguien mezquino e inepto consigue parecer inteligente a base de sus estrategias, dejándote a ti como un imbécil, pues te pides el


Menú Lanzallamas

Ensalada de Besos Pinchosos

Tortilla de Cerebros Malvados

Merluza al Pisotón

Flan de Bilis


Que tienes un día magnífico, en el que por fin sientes que los problemas se hacen pequeños, que tus objetivos y metas se van cumpliendo… pues el


Menú Esperanza

Entradas Surtidas de Estimación

Verduritas Crudités Bañadas en Salsa de Deseos Cumplidos

Redondo de Satisfacción

Bizcocho de Placer en Capas de Palmaditas


Que no consigues salir de la encrucijada y el miedo te hace ver caminos alargados y sinuosos, pues te pides el


Menú Con Un Par

Pinchos de Coraje

Ensalada de Esfuerzo, Aliento y Vigor

Huevos Bien Puestos Sobre Velos de Autoengaños con guarnición de Gallardía

Milhojas Flambeadas con Licor de Ilusión


Que te has enamorado y llegas a Cane-Cheers como flotando… pues el


Menú Ilusión

Ensalada Melosa Bañada en Reducción de Sentido Común

Sopa de Amor con Tropezones Invisibles

Canelones Restregones a la Salsa Empalagosa

Helado de Miradas Doradas


Que es justo al revés y me llegas con el corazón partío… pues el


Menú Reconfortante

Ensalada Cariñosa

Consomé de Sonrisas

Berengenas Rellenas de Te Quieros a la Salsa de Amigos

Macedonia de Frutas Maceradas en Reducción de Penas de Amores y Picadita de Sapitos Verdes


En fin, que en Cane-Cheers todo sería posible y tal vez, mientras esperas en la barra una mesa libre tomándote un vinito de la casa, de denominación de origen Quetecreestúeso, podrías encontrarte con tu mismísima Hada Madrina zampándose un pincho de Tortilla de Reconciliación con uno Mismo.


Sería un éxito, estoy segura. Porque para empezar, tengo yo una extensa lista de clientes para la inauguración.


Y si en lugar de estar yo de Camarera con mi delantal de color rosa y cintas de abrazos, fuera cliente, entraría pausadamente y después de mirarme en ese espejo blancanievero, me sentaría en una mesa de la zona Cactus Floridos, y pegadita a la vidriera rosa, miraría al Camarero y le diría…


Un Menú Reconfortante, rápido, señor…!!

sábado, 7 de febrero de 2009

Esperar y la espera, no es lo mismo.


Espero tu sonrisa y espero tu fragancia

por encima de todo, del tiempo y la distancia.
Yo no sé desde dónde, hacia dónde, ni cuándo
regresarás... sé sólo que te estaré esperando.

En lo alto del bosque y en lo hondo del lago,
en el minuto alegre y en el minuto aciago,
en la función pagana y en el sagrado rito,
en el limpio silencio y en el áspero grito.

Allí donde es más fuerte la voz de la cascada,
allí donde está todo y allí donde no hay nada,
en la pluma del ala y en el sol del ocaso,

yo esperaré el sonido rítmico de tu paso.

José Ángel Buesa, Canción de la espera.


Quería hoy escribir algo sobre la sensación de "esperar". Como suelo hacer casi siempre, he mirado primero en la Rae la definición del verbo, y me he llevado una sorpresa. Resulta que "esperar" es un verbo positivo.

Positivo porque todas sus acepciones lo son:
Tener esperanza de conseguir lo que se desea, creer que ha de suceder algo especialmente si es favorable, permanecer en sitio adonde se cree que ha de ir alguien o en donde se presume que ha de ocurrir algo, no comenzar a actuar hasta que suceda algo (esperó a que sonase la hora para hablar), algo inminente o inmediato (mala noche nos espera), poner en alguien la confianza de que hará algún bien…


Es decir, cuando esperas, siempre lo haces pensando en algo bueno, algo agradable. Siempre se espera cuando tienes la ESPERAnza de que algo bueno llegará. Y es verdad. Cuando la desesperanza o el desengaño, o tal vez sólo la seguridad de que tus expectativas no se cumplirán, sencillamente no esperas.


Si esperas, es porque crees que merece la pena. Merece la pena la cuestión, el dolor, la persona… merece la pena la desazón, las lágrimas, merece la pena el sufrimiento porque aquello que esperas o aquella persona a la que esperas, es realmente valiosa para ti, para tu alegría, para tu felicidad. Si no lo crees así, sencillamente no esperas.


La “espera” también tiene acepciones positivas, pero incluye un elemento escalofriante: el plazo. Parece que no es lo mismo “esperar”, que estar “en espera”. Si esperas a alguien, crees que vendrá. Si estás en “espera”, has incluido un plazo, un tiempo, que cuando se cumple, dejas de esperar.


Esperar algo, a alguien, es alentador, es estimulante. Estar “a la espera”, es inquietante, turbador…

Yo espero no estar nunca en espera... la Penélope de Joan Manuel Serrat es tan triste...


Mi foto
Sólo soy una persona que intenta ser feliz haciendo el menor daño posible a los que me quieren, que desea ser querida, tener paz, estar sana, y que el dinero me preocupe cada vez menos.