domingo, 9 de diciembre de 2007
sábado, 10 de noviembre de 2007
Un Paseo en el Velroc
"Canela, ¿te apetece un paseo a Tabarca? Si algún compañero de curso quiere venir, cabe".
Uf, qué ilusión. Así que me fui directa al puerto desde clase, con tacones y cazadora de piel, lo más inadecuado para navegar... Allí me esperaba Luis, Octavio, su esposa y el armador del Velroc, Juan. Enseguida me mandaron quitar los tacones y me dejaron una parka marinera.
El tiempo, gris, un viento de 7-9 nudos, el mar bueno. Dos horas de navegación hasta Tabarca. Para mí todo era nuevo... la verdad es que no sabía dónde mirar, me gustaba todo, aunque no entendía nada... pero observaba cada cosa que se hacía a bordo intentando memorizarla para luego investigar. En ese momento, prefería disfrutar y mirar antes que preguntar.
Volvimos ya de noche, otra cosa especial. Navegar de noche es un ejercicio interesante de percepción, hay que adivinarlo casi todo y además tienes que saber un mínimo de cosas. Malditas luces, ni viéndolas me resultaba fácil recordar la teoría más allá de babor, estribor, alcance...
Qué amables fueron todos conmigo. Tal vez no sepan que dentro de la inquietud que tenía por comenzar a navegar, este Paseo en el Velroc fue realmente determinante.
viernes, 14 de septiembre de 2007
Ay va la ostia.
La Playa de San Juan, que se junta con la de Muchavista de El Campello, tiene casi 7 kms. de largo de orilla y unos 70 metros entre ella y el paseo. Cuando llegamos, la tenue luz de las farolas apenas debajan entrever algún reflejito en el agua. No había luna, así que efectivamente, no se veía más que el espumeteo de la orilla y una inmensa extensión negra, enmarcarda por las luces de las casas en los laterales.
Ella bajó del coche, se subió al murete del paseo, miró con seriedad hacia el mar, abrió los ojos como una lechuza y la boca como un rape, y después de por lo menos 5 minutos dijo: Ay va la ostia. Así, sin exclamaciones ni énfasis.
Cuando volvimos al día siguiente con luz de sol, y nos acercamos a la orilla, se mojó los pies con el agua como cubitos, y no había quien se la llevara de allí. Sólo repetía qué grande, qué grande...
domingo, 9 de septiembre de 2007
Mi cumpleaños.
Ayer fue mi cumpleaños y nada salió como tenía previsto que saliera. Contratiempos inesperados variaron los planes. Eso antes me irritaba profundamente, ahora hago como Bruce Lee, soy agua... ¿O era té?
No es que me ponga melancólica ni nada parecido, pero cuando cumples años es como si fueras terminando un trabajo; tienes una sensación de qué bien, otro más, pero sabes que tienes que comenzar otro inmediatamente y eso te causa desazón...
Me veo cómo soy ahora y tengo que decir que con lo que me ha costado llegar hasta aquí, no estoy tan mal. Todo se puede mejorar, pero es que mi prioridad ya no es mejorar nada, sino que todo sea lo suficientemente bueno.
Así que me gusta tener 45 años. A veces pienso que me gustaría poder tener dos vidas. Una como la que he tenido, que ha sido muy buena, y otra como hubiera elegido tenerla. Deberíamos tener dos oportunidades, la vida es muy efímera y no nos da tiempo de todo.
¿Sabéis que en Alicante los números de 0 al 00 (del 100) tienen nombre? Yo estoy en la etapa musical. El 44 es el clarín, el 45 es el tambor...
Me da el pálpito de que los 45 es como la mitad de la vida. Es muy conveniente que pudiera quedarme como ahora; que la gravedad no me de más disgustos y que me quede para siempre con:
- mi peso de ahora
- todos mis pelos, allá donde estén
- todos mis dientes
- que mi presbicia se estanque
- que mi tatuaje no se estire y mi piercing siga a la misma distancia del suelo
- que mi capacidad de reir aumente y la de llorar se quede como está
- querer más a mi alrededor y que me quieran más a mí
- que el equilibrio de todas las cosas y sentimientos sepa mi dirección
- seguir pudiendo elegir
Me gusta elegir. En la elección está la esencia de la libertad en la vida. Cuando puedes elegir, eres realmente libre.
Me gusta ir aprendiendo a cuidar mi felicidad. Sólo aspiro a no hacer daño innecesario a los demás en esa tarea.
Me gusta el 8 porque es reversible. Así quiero ser yo. Y agua (¿o té?) también.
viernes, 7 de septiembre de 2007
La primera vez.
Me gustó mi primera vez. Ahora sólo me queda pinchar rueda y tener que cambiarla. Lo cual me incita a hacer una prueba con ello en cuanto me devuelvan el coche, porque lo de tener que leerme el libro de instrucciones para saber qué connio eran las luces rojas, no saber qué incluye mi seguro y dónde está el teléfono de asistencia en carretera, no se corresponde con una persona inteligente e independiente.
miércoles, 5 de septiembre de 2007
Sentidos sentidos.
domingo, 2 de septiembre de 2007
El Rayo Verde.
Hace tiempo que deseo ver el Rayo Verde, que conocí en una sencilla pero bonita novela de Julio Verne:
«¿Habéis observado alguna vez el sol cuando se pone en el horizonte del mar? ¿Lo habéis seguido hasta el momento en que la parte superior del disco desaparece rozando la línea de agua del horizonte? Pero ¿os habéis dado cuenta del fenómeno que se produce en el preciso instante en que el astro radiante lanza su último rayo, si el cielo, limpio de nubes, es entonces de una perfecta pureza? ¡No, seguramente no! Pues bien, la primera vez que tengáis ocasión -¡se presenta tan raramente!- de hacer esta observación, no será, como podría presumirse, un rayo rojo lo que herirá la retina de vuestros ojos, sino que será un rayo verde, pero un verde maravilloso, un verde que ningún pintor puede obtener en su paleta. Un verde cuya naturaleza no se encuentra ni en los variados verdes de los vegetales, ni en las tonalidades de las aguas más límpidas. Si existe el verde en el paraíso, no puede ser más que este verde, que es, sin duda, el verdadero verde de la Esperanza.»
Ya sé que es una tontería, pero desde que leí la novela, y esperé a poder ver una puesta de sol en el mar para buscar ese rayo verde. No hay que perder la inocencia. No pude verlo. Todos los días que fui a ver la puesta de sol, en el último momento aparecían nubes que tapaban el disco en el momento cumbre.
Así que tendré que seguir esperando.
sábado, 1 de septiembre de 2007
Envejecer.
Ahora, esta sociedad del bienestar, de la comodidad, del todo vale, de lo fácil, de la buena vida, de la silueta magnífica y los metrosexuales, de la vida "sana" .... nos llevan hacia una imagen de nosotros mismos basada en la perfección, en lo que nos meten por los ojos que es estéticamente agradable y lo que no... y poco a poco nos van, inconscientemente marcando en el cerebro, que la ancianidad, ese deterioro, esa decrepitud, son algo detestable e indigno, algo a lo que debemos temer y renunciar. Esto que digo no tiene nada que ver con la pena y la tristeza que sentimos al ver el dolor en las personas que queremos, y la impotencia de no poder ahorrarles el sufrimiento en los últimos años de sus vidas.
El sólo tener ese sentimiento hacia nuestros mayores, significa que todavía somos Personas.
martes, 10 de julio de 2007
Babá.
El domingo, sobre las 8 de la tarde, mientras tomaba un Gin-Tonic preparado en un local de la playa, conocí a Babá.
Babá entró en el local a vender cd's y dvd's piratas. Mi amigo y yo estábamos sentados en la barra, y él se acercó. Le intuí venir, pero no tenía ninguna intención de comprarle nada. Cuando llegó a nuestra altura, mi amigo le miró, se levantó y se abrazaron. Se conocían del invierno pasado, de cuando Babá recorría los bares con su "negocio". Se hicieron amigos y los dos se dieron compañía, conversación y afecto mutuo.
Babá es de Senegal, tiene ahora 25 años. LLeva en España 5 años. Está muy delgado, pero musculoso. Es alto, bien parecido. Sus ojos son grandes y muy oscuros, impresiona el blanco brillante de los globos oculares. Su mirada es tierna, cansada. Sus manos son enormes. Está sonriendo con sinceridad, le ha dado alegría encontrar a mi amigo, se nota. Le invitamos a sentarse y a tomarse algo.
Es como si le hubieras ofrecido algo extraordinario. La camarera se acerca con desconfianza, va a protestar. Antes de que lo haga, mi amigo la para "pónle una coca cola a mi amigo". Ella lo mira con sorpresa pero lo hace.
Babá vino de su país a los 20 años, buscando dinero para su familia. En Senegal dejó la carrera en segundo de Ingeniería, una novia y a su madre. En su casa las cosas se pusieron difíciles y se vino esperando tener aquí más suerte. Eligió España porque es el país más cercano donde no sería deportado. En Francia, si te detienen, te mandan a tu país. No te dejan quedarte más que un tiempo determinado, en el supuesto de que entres con motivos justificados.
En España puedes quedarte. Y con un poco de suerte, consigues tus papeles pasado un tiempo. Si encuentras un trabajo, es más rápido, y ya no tienes problemas.
Cuando llegó, traído con los contactos de sus paisanos que ya estaban aquí, se fué a vivir a un piso en una zona degradada con 4 senegaleses más. Entre los 5, pagan 450 euros de alquiler, un abuso para ese piso y para esa zona.
A Babá le dieron su ruta y comenzó con ilusión. Pero la policía le detuvo y pasó sus primeros 6 meses en España en la cárcel.
Cuando salió, acordó con sus amigos crear su propia producción de piratería. Uno de ellos consiguió a base de ahorro y sacrificio, un ordenador.
La mafia los encontró, les dió una paliza y se lo quitó todo. Entonces tuvieron que empezar a trabajar para ellos si querían comer. A cambio de 10 euros diarios, con los que tienen que alimentarse, pagar el alquiler y los gastos de mantenimiento de la casa, vestirse, pagar el autobús si no pueden llegar a los sitios caminando, y enviar dinero a casa. A cambio de 10 euros por todo esto, les dejan trabajar.
La madre de Babá se puso muy enferma. Había que operarla y no tenía dinero. Los amigos de Babá en España le dieron lo que tenían y Babá lo envió a Senegal para que su madre pudiera ser tratada.
Un día de noviembre, con un frio que pela, Babá entró en Harley, el bar donde estaba mi amigo. LLegaba aterido de frio con una rebequita granate, y tan blanco como los globos de sus ojos. Le preguntó qué le pasaba, si es que estaba enfermo. Babá le dijo que llevaba 4 días sin comer, porque no había vendido nada. Mi amigo se lo dijo al dueño del bar, y Babá comió de lo que había, hasta que no quiso más.
Mientras se toma una coca-cola, nos cuenta cómo le va; no muy distinto de lo anterior. Le exigen trabajar de las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche, por los mismos 10 euros. Pero ahora no hace frío, es menos duro. Él soporta mejor el calor.
Le queda menos para poder tener sus papeles. Su madre está bien, el resto de la familia también. 5 años sin verlos es mucho tiempo.
Nos enseña la piratería que lleva, le compramos algunas cosas y mi amigo le da dinero de más. Babá da las gracias, aprieta la mano de mi amigo. "Tu amiga es muy guapa", le dice. Babá ya no tiene novia; ninguna chica puede esperar 5 años en Senegal.
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Es muy triste que la vida sea tan dura para algunas personas. Es muy injusto que las mafias de aprovechen del infortunio. Es más injusto que a la cárcel no vayan ellos, sino Babá. Es desolador no poder ver a tu familia en 5 años. Es muy frustrante que tu novia no pueda esperarte, aunque te quiera. Es una infamia que en segundo de ingeniería tengas que dejar la carrera. Es muy doloroso vivir como Babá.
Y es muy aleccionador ver cómo aún sonríe. Y tierno su abrazo, su mano y su sonrisa.
Ojalá pueda conseguir sus sueños, volver a casa, terminar su carrera y encontrar una nueva novia.
Me gusta Babá.
miércoles, 4 de julio de 2007
El sofá.
Cómo me gusta cuando estoy muy muy cansada y sé que el sofá me está esperando, y lo miro, y él me mira a mí, y prolongamos deliberadamente el momento del encuentro sabiendo que se producirá, desde la indolente confianza que da el saberse deseada, el saberse esperada, el saberse conseguida...
- Canela
- Sólo soy una persona que intenta ser feliz haciendo el menor daño posible a los que me quieren, que desea ser querida, tener paz, estar sana, y que el dinero me preocupe cada vez menos.