Os doy la bienvenida a los conquistadores de sueños y de islas, a los que añoran el azul turquesa, a los que descubren nuevas ilusiones y pasiones, porque nunca es tarde para vivir añorados deseos...

lunes, 6 de diciembre de 2004

Encuentro inesperado.

He salido a dar un paseo esta mañana, aprovechando un parón en la lluvia. Se trataba de subir a pie a la Serra Grossa, por la cara norte, ya que siempre he subido en coche por la cara sur. El primer trozo del camino es artificial, y te encuentras con mucha gente paseando a sus perros (aunque aquí no se vea a nadie, que para eso me he esperado un rato).

La cima de la Serra es bastante plana, y la primera vista del mar llega al mismo tiempo que la llovizna fría como un demonio y un aire gélido que te hiela la nariz.

Me asomo al precipicio, para ver la altura hasta la orilla del mar, y de repente, un movimiento a la derecha. ¿Una paloma? ¿Ni una sola gaviota y aparece una paloma solitaria? Me acerco a ella con cuidado para no asustarla. Está justo en una roca inclinada sobre el precipicio. Un poco chungo acercarse pero lo hago.

Ni se inmuta. Me mira un segundo como pensando "vaya hombre! ni aquí puede uno estar en paz", y vuelve de nuevo su mirada hacia al mar.

Yo me sigo acercando por detrás. No me hace ni caso. Casi puedo tocarla. y cuando mi mano está a dos milímetros de ella, se va. Yo creo que lo ha hecho a posta.

Y mientras, las gaviotas estaban abajo, en la playa.



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Sólo soy una persona que intenta ser feliz haciendo el menor daño posible a los que me quieren, que desea ser querida, tener paz, estar sana, y que el dinero me preocupe cada vez menos.