Os doy la bienvenida a los conquistadores de sueños y de islas, a los que añoran el azul turquesa, a los que descubren nuevas ilusiones y pasiones, porque nunca es tarde para vivir añorados deseos...

viernes, 19 de diciembre de 2008

El mar te cambia.


Por fin tengo un rato para escribirte y contarte cosas. Así muy resumido, las más relevantes es que hace meses andando hacia el azul que hay a lo lejos, me encontré con uno de esos pedruscos que no es posible evitar y no queda más remedio que estrellarse contra ellos. Menudo chichón me hice. Tan grande que necesité una recuperación en soledad, y una isla me pareció un buen lugar. Allí el sol, la sal y la luz me guiaron de nuevo hasta mí misma, con gran recocijo de mi chichón que curó a buena velocidad.


Sin embargo, aquellos recorridos de navegación... no sabes cómo el mar y el ruido de cortar el agua puede hacer que te vuelvas hacia dentro y encontrar cosas que creías perdidas, olvidadas, o sanadas... y resulta que no es así. Pero a cambio, descubres el placer de la soledad, de no estar con nadie con quien tengas vínculos afectivos ni de ningún otro tipo, que te pueden disculpar de cualquier débito emocional, pudiendo limitarte tan sólo a cumplir con la educación y cortesía del trato, propio de las personas.

Y así, lejos de lo mío y de los míos, dedicar todo el espacio disponible a mí misma, algo que hacía tanto que no podía... y al acabar, sentirme más reconfortada, la mochila más aliviada y autoperdonada de autoerrores y autodaños. Ahora estoy de nuevo en casa, una casa que cada día me parece menos necesaria y más grande, donde los espacios me sobran y no alcanzo a veces a entender por qué querría yo comprar esta casa. Esta casa forma parte del pasado, de otras ilusiones, de otros deseos, que no se corresponden con los que siento ahora.

Me siento bien, veo llegar los posibles daños pero no me asustan. No dejo de arriesgarme y de probar, de dar, pero ya no me obsesiona recibir, sino que intento disfrutar más del placer de ofrecer, y de ver recibir lo que regalo. La vida es así. Parece que cuanto más te quieres a tí misma, menos te obsesionas con que lo que das te sea devuelto.

Un buen amigo me dijo un día que es mucho mejor la satisfacción que la victoria. Y es verdad, estar satisfecha es lo que te da felicidad, aunque no hayas ganado la batalla. En ese camino estoy, al fondo veo el azul, y hacia allí quiero andar.

En fin, que el mar te cambia.

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Sólo soy una persona que intenta ser feliz haciendo el menor daño posible a los que me quieren, que desea ser querida, tener paz, estar sana, y que el dinero me preocupe cada vez menos.