Hace unos días os enseñé en un video el comienzo de lo que era una incipiente pasión por la vela.
La tripulación de ese día, Jose y Aurora, y yo, lo mostramos así, tal cual, sin vergüenzas ni miramientos, sin querer saber más de lo que sabemos y sin querer pretender hacer de ello un acontecimiento extraordinario. Tan sólo era una emoción, un deseo, una aproximación a algo que presentíamos nos estaba esperando, calladito, e impaciente. La experiencia fue para nosotros, sin embargo, muy reveladora. Deslizarse con cierto sentido sobre el agua y conseguir que una embarcación responda medianamente a nuestro deseo, fue determinante.
Recuerdo que la primera vez, cuando paramos motor, durante unos segundos estuvimos callados, y Aurora dijo “esto es otra cosa….” Y así es, es otra cosa.
Ya sabemos que no trimamos bien, que nos olvidamos de las escotas, que no sabíamos por qué una mayor se relinga o no, que 5 nudos no es gran cosa, que la seguridad es importante… pero a nosotros todo nos pareció embaucador, atractivo y lleno de sensaciones. ¿Lo más importante? No tuvimos miedo, sólo deseo, ganas, ilusión y diversión.
Por mi parte, gracias a todos los amigos armadores que me han dado la oportunidad de navegar, de conocer, y una gratitud muy sincera a Juanki por su dedicación en los cursos del Maralicia, a Ferdy por su tutoración aquél día y especialmente a Icebar que me ha dedicado mucho tiempo, muchas navegadas y mucha atención, y cuyo amor por el Kibo me sedujo, a FreeBlue que nos acompañó esta vez y por supuesto y una vez más, a BlueWhite, armador del Medusa Man, que es para mí como un gran Rey Mago.
Jose y Aurora (Pin y Pon) son hasta ahora, tractoristas. Yo ni siquiera eso. Durante años mi pasión por el mar se limitó a pasear por la orilla, soñando con que tal vez algún día las obligaciones cotidianas y los gustos de la persona que compartía la vida conmigo, me permitieran dar rienda suelta a mis ensoñaciones. Hace algo más de un año que comencé, y ha sido intenso.
Verme hoy capaz de atracar y desatracar, identificar técnicas aunque aún no las sepa ejecutar correctamente, y tener la convicción de que en cuanto pueda, algún barquito se llamará Canela, son cosas que tiempo atrás eran para mí sólo un sueño.
Y bueno, pues aquí está nuestra II Singladura, con más precaución, seguramente nuevos errores, pero la misma ilusión, o tal vez, más, por seguir avanzando en este cautivador mundo de la navegación a vela.
La tripulación de ese día, Jose y Aurora, y yo, lo mostramos así, tal cual, sin vergüenzas ni miramientos, sin querer saber más de lo que sabemos y sin querer pretender hacer de ello un acontecimiento extraordinario. Tan sólo era una emoción, un deseo, una aproximación a algo que presentíamos nos estaba esperando, calladito, e impaciente. La experiencia fue para nosotros, sin embargo, muy reveladora. Deslizarse con cierto sentido sobre el agua y conseguir que una embarcación responda medianamente a nuestro deseo, fue determinante.
Recuerdo que la primera vez, cuando paramos motor, durante unos segundos estuvimos callados, y Aurora dijo “esto es otra cosa….” Y así es, es otra cosa.
Ya sabemos que no trimamos bien, que nos olvidamos de las escotas, que no sabíamos por qué una mayor se relinga o no, que 5 nudos no es gran cosa, que la seguridad es importante… pero a nosotros todo nos pareció embaucador, atractivo y lleno de sensaciones. ¿Lo más importante? No tuvimos miedo, sólo deseo, ganas, ilusión y diversión.
Por mi parte, gracias a todos los amigos armadores que me han dado la oportunidad de navegar, de conocer, y una gratitud muy sincera a Juanki por su dedicación en los cursos del Maralicia, a Ferdy por su tutoración aquél día y especialmente a Icebar que me ha dedicado mucho tiempo, muchas navegadas y mucha atención, y cuyo amor por el Kibo me sedujo, a FreeBlue que nos acompañó esta vez y por supuesto y una vez más, a BlueWhite, armador del Medusa Man, que es para mí como un gran Rey Mago.
Jose y Aurora (Pin y Pon) son hasta ahora, tractoristas. Yo ni siquiera eso. Durante años mi pasión por el mar se limitó a pasear por la orilla, soñando con que tal vez algún día las obligaciones cotidianas y los gustos de la persona que compartía la vida conmigo, me permitieran dar rienda suelta a mis ensoñaciones. Hace algo más de un año que comencé, y ha sido intenso.
Verme hoy capaz de atracar y desatracar, identificar técnicas aunque aún no las sepa ejecutar correctamente, y tener la convicción de que en cuanto pueda, algún barquito se llamará Canela, son cosas que tiempo atrás eran para mí sólo un sueño.
Y bueno, pues aquí está nuestra II Singladura, con más precaución, seguramente nuevos errores, pero la misma ilusión, o tal vez, más, por seguir avanzando en este cautivador mundo de la navegación a vela.

2 amig@s han opinado, hazlo tú también.:
Nena que miedo me das... ya aprendistes a nadar?...
Quién hace el video? he tenido que ir a por las gafas de sol :DDDD
Que me dáis mucha envidia...
besucos
¿Y para qué quiero nadar si ya he aprendido a colocar el salvavidas?
El video lo grabamos entre todos, luego lo monto yo.
Bsto.
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