Escudriñé la oscura playa y creí advertir una forma singular en medio de la playa. Hubiera jurado que había visto a un hombre sentado en una moto, aunque sabía que aquello era bastante improbable. Ningún motorista que se precie de serlo se hubiera arriesgado, bajo ningún concepto, a que su moto se llenara de arena, así que me convencí de que sufría un principio de traumatismo craneal.
Cerré los ojos con fuerza antes de volver a mirar. Era cierto. Un poco más allá del paseo, había un hombre sentado en una moto sobre la fina arena de la playa. A medida que ganaba visibilidad, me di cuenta de que no estaba acomodado en lo alto de una moto cualquiera, sino de una Harley Davidson. Las nítidas y poderosas líneas de la moto formaban un conjunto armonioso con las nítidas y poderosas líneas de la forma humana, como si fueran una misma cosa. Y por lo que yo había oído de los motoristas y sus Harley, eran una misma cosa.
Aunque a primera vista causaba una impresión un poco intimidatoria, cuanto más lo estudiaba menos amenazante se volvía. Aquel hombre transmitía una sensación de paz, lo cual me intrigó profundamente.
Me apresuré a recordarme lo que había decidido sobre los hombres apenas 20 minutos antes, y me reprendí cumplidamente a mí misma. Ya estoy otra vez, pensé, demasiado romántica para mi propio provecho. Siempre concediendo demasiado crédito a los hombres antes de que hagan algo para merecerlo. No aprenderé nunca.
- Sí que aprenderás - las palabras llegaron flotando por el aire pegajoso desde su dirección, en tono suave y amable.
Aquello sólo lo había pensado, estaba segura de que no lo había dicho en voz alta. No era más que una coincidencia un tanto peregrina.
- ¿No sabes que no existen las coincidencias? Todo lo que sucede, por insignificante que sea, forma parte del fluir universal.
- ¿Quién eres tú? insistí en saber.
- No tengas miedo - murmuró.
- No me asustas - le respondí con un pelín de excesiva confianza para alguien que seguía de rodillas después del tropezón anterior.
No dijo nada. No hacía falta. Se limitó a ofrecerme la mano derecha y esperó pacientemente a que yo descendiera las escaleras para tomarla.
¿Yo, estrecharle la mano? ¿Estaba chalado? ¿Acaso parecía tan estúpida? Era evidente que este individuo tenía mucho que aprender sobre las mujeres.
- Por favor - dijo, con el tono de voz preciso y la mezcla adecuada de amabilidad y dulzura en el rostro.
Definitivamente, el tipo tenía muy poco que aprender sobre las mujeres.
(Dios vuelve en una Harley, Joan Brady)
Cerré los ojos con fuerza antes de volver a mirar. Era cierto. Un poco más allá del paseo, había un hombre sentado en una moto sobre la fina arena de la playa. A medida que ganaba visibilidad, me di cuenta de que no estaba acomodado en lo alto de una moto cualquiera, sino de una Harley Davidson. Las nítidas y poderosas líneas de la moto formaban un conjunto armonioso con las nítidas y poderosas líneas de la forma humana, como si fueran una misma cosa. Y por lo que yo había oído de los motoristas y sus Harley, eran una misma cosa.
Aunque a primera vista causaba una impresión un poco intimidatoria, cuanto más lo estudiaba menos amenazante se volvía. Aquel hombre transmitía una sensación de paz, lo cual me intrigó profundamente.
Me apresuré a recordarme lo que había decidido sobre los hombres apenas 20 minutos antes, y me reprendí cumplidamente a mí misma. Ya estoy otra vez, pensé, demasiado romántica para mi propio provecho. Siempre concediendo demasiado crédito a los hombres antes de que hagan algo para merecerlo. No aprenderé nunca.
- Sí que aprenderás - las palabras llegaron flotando por el aire pegajoso desde su dirección, en tono suave y amable.
Aquello sólo lo había pensado, estaba segura de que no lo había dicho en voz alta. No era más que una coincidencia un tanto peregrina.
- ¿No sabes que no existen las coincidencias? Todo lo que sucede, por insignificante que sea, forma parte del fluir universal.
- ¿Quién eres tú? insistí en saber.
- No tengas miedo - murmuró.
- No me asustas - le respondí con un pelín de excesiva confianza para alguien que seguía de rodillas después del tropezón anterior.
No dijo nada. No hacía falta. Se limitó a ofrecerme la mano derecha y esperó pacientemente a que yo descendiera las escaleras para tomarla.
¿Yo, estrecharle la mano? ¿Estaba chalado? ¿Acaso parecía tan estúpida? Era evidente que este individuo tenía mucho que aprender sobre las mujeres.
- Por favor - dijo, con el tono de voz preciso y la mezcla adecuada de amabilidad y dulzura en el rostro.
Definitivamente, el tipo tenía muy poco que aprender sobre las mujeres.
(Dios vuelve en una Harley, Joan Brady)

5 amig@s han opinado, hazlo tú también.:
Vaya, yo también conozco a uno que le queda bastante que aprender sobre las mujeres ;-D
A ver si un día te animas y me comentas si los vídeos los haces tú o qué (y, ya de paso, y sólo si te apetece explayarte, qué programas utilizas y demás)
Besote de caramelo.
PD. Si hay moderación, ¿para qué la palabra de confirmación?
Estáis guapísimas las dos, incluso sin harley.
Funci, que ya te contesté, que los videos los hago yo, y me explayo: con el phototv de luxe. Pero lo que cuenta es la creatividad, no el programa jajaja.
P.D. Porque así quien escriba, es que verdaderamente tiene ganas de hacerlo ;-)
j.velilla, muchas gracias!!
espero impaciente el próximo vehículo...
No sé que pensar...cada día me sorprendes más...esta no es mi Canelilla que me la han cambiao...
Bsucos...
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