Ya sabéis muchos de mi pasión por el mar.
Esta mañana he ido un rato después de casi un mes que no había podido tocarlo. Estaba maravilloso, como siempre. Como el sol, que en esta época ya no sofoca, sino que acaricia la piel e invita a cerrar los ojos y dejarse invadir por su tibieza... Dicen que quien ha nacido cerca del mar, se muere entre montañas. Yo lo más que he estado sin verlo han sido como 10 días. Aquí, donde yo vivo, nunca pierdes de vista el horizonte y éste es prácticamente plano, aunque mires hacia el interior. Recuerdo unas vacaciones en Campo (Huesca). Estábamos rodeados de los maravillosos Pirineos, en un lugar realmente bello cercado de montañas, carreteras por desfiladeros... pero la sensación de mirar al infinito y no ver horizonte, a mí me resultaba agobiante.
Siempre encontrabas tremendas paredes de montañas a tu alrededor. Cuando volvimos a Alicante, a la altura del Altet, donde hay una pequeña ensenada y a lo lejos se ve por primera vez el mar, para mí es como hipnotizante, ya no puedes dejar de buscarlo y mirarlo. Es estar de nuevo en casa.
Desde lo alto de la Serra Grossa, si miro hacia el sur, veo la Playa del Postiguet, en Alicante ciudad, y el puerto deportivo, con el Castillo de Santa Bárbara en primer término y en segundo, el Monte Tossal (Castillo de San Fernando).
Esta mañana he ido un rato después de casi un mes que no había podido tocarlo. Estaba maravilloso, como siempre. Como el sol, que en esta época ya no sofoca, sino que acaricia la piel e invita a cerrar los ojos y dejarse invadir por su tibieza... Dicen que quien ha nacido cerca del mar, se muere entre montañas. Yo lo más que he estado sin verlo han sido como 10 días. Aquí, donde yo vivo, nunca pierdes de vista el horizonte y éste es prácticamente plano, aunque mires hacia el interior. Recuerdo unas vacaciones en Campo (Huesca). Estábamos rodeados de los maravillosos Pirineos, en un lugar realmente bello cercado de montañas, carreteras por desfiladeros... pero la sensación de mirar al infinito y no ver horizonte, a mí me resultaba agobiante.
Siempre encontrabas tremendas paredes de montañas a tu alrededor. Cuando volvimos a Alicante, a la altura del Altet, donde hay una pequeña ensenada y a lo lejos se ve por primera vez el mar, para mí es como hipnotizante, ya no puedes dejar de buscarlo y mirarlo. Es estar de nuevo en casa.
Desde lo alto de la Serra Grossa, si miro hacia el sur, veo la Playa del Postiguet, en Alicante ciudad, y el puerto deportivo, con el Castillo de Santa Bárbara en primer término y en segundo, el Monte Tossal (Castillo de San Fernando).

y detrás de esa, la que no te gusta, la de piedras.

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