Os doy la bienvenida a los conquistadores de sueños y de islas, a los que añoran el azul turquesa, a los que descubren nuevas ilusiones y pasiones, porque nunca es tarde para vivir añorados deseos...

sábado, 1 de septiembre de 2007

Envejecer.

Yo creo que lo que nos disgusta de la vejez y la enfermedad de nuestros mayores no son esos hechos en sí. Tiene mucho que ver el tipo de sociedad en el que nos hemos convertido. Antes, los ancianos de la familia convivían con sus descendientes y todos asumían su cuidado incluso como un honor. El deterioro, la decrepitud no se veían de forma dolorosa, sino como algo intrínseco a la propia evolución de la vida, a su final, y se compartía con naturalidad.

Ahora, esta sociedad del bienestar, de la comodidad, del todo vale, de lo fácil, de la buena vida, de la silueta magnífica y los metrosexuales, de la vida "sana" .... nos llevan hacia una imagen de nosotros mismos basada en la perfección, en lo que nos meten por los ojos que es estéticamente agradable y lo que no... y poco a poco nos van, inconscientemente marcando en el cerebro, que la ancianidad, ese deterioro, esa decrepitud, son algo detestable e indigno, algo a lo que debemos temer y renunciar. Esto que digo no tiene nada que ver con la pena y la tristeza que sentimos al ver el dolor en las personas que queremos, y la impotencia de no poder ahorrarles el sufrimiento en los últimos años de sus vidas.

El sólo tener ese sentimiento hacia nuestros mayores, significa que todavía somos Personas.

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Sólo soy una persona que intenta ser feliz haciendo el menor daño posible a los que me quieren, que desea ser querida, tener paz, estar sana, y que el dinero me preocupe cada vez menos.